Los seis negritos de Falcó

Si tuviera que buscar un símil literario para el encuentro producido el pasado 5 de octubre en la sede de Penguin Random House sería, sin duda, la novela de Agatha Christie titulada “Diez negritos” (Ten Little Niggers, 1936). Aquella mañana, seis desconocidos (bueno, casi) fuimos emplazados en la primera planta de la calle Luchana 23, en Madrid, sin saber exactamente a que nos enfrentábamos. La invitación, escueta y por sorpresa, describía algo así como “queremos contar contigo para la lectura conjunta de la última novela de Pérez-Reverte”. Y el plan, al igual que las atractivas vacaciones ofertadas en la “Isla del Negro”, resultaba igual o más sugerente si cabe: leer en primicia “Falcó” y compartir un rato con el autor. Cómo en la novela, fuimos invitados a comer.
Es difícil aguantar los nervios cuando sabes que vas a conocer fb_img_1475740449455a Arturo Pérez-Reverte y, además, debes esperar desde las 11:00 de la mañana hasta las 20:00, hora que el reloj marcaría (tarde o temprano) señalando el momento en el que nos encontraríamos con él. Aunque jamás hubiéramos pensado que fuera como ocurrió.

Al igual que el juez, la institutriz, el aventurero y así hasta diez personas y sus roles llegaron el día señalado a la lujosa mansión situada en la costa inglesa y fueron atendidos por el señor y la señora Rogers en aquella historia, nosotros fuimos conducidos a una cómoda y colorida sala en cuyo interior reinaba un sofá azul claro, dos sillones orejeros de color naranja, varias banquetas negras forradas de cuero negro y una silla cuya comodidad podría ser discutible pero que su ocupante se negó a dejar libre, quizás porque la apariencia engaña (tomen este dato, es importante). En nuestro caso, éramos seis los elegidos: un escritor, dos blogueras y un bloguero que gestionaban webs culturales centradas en literatura y un sexto hombre cuya elección cubierta de misterio nos dejó a todos impresionados.

fb_img_1475740444369Pero antes de comenzar la lectura, al igual que durante la cena descrita por Agatha, los invitados observan diez pequeñas figuras de porcelana, nosotros encontramos seis tacos de papel impreso estrangulados con delicadeza por dos gomas, atravesadas en vertical y en horizontal. Y encima, seis contratos de confidencialidad que nos obligaban a no hablar del evento durante ese día ni del contenido de la novela hasta el próximo 19 de octubre. Aclararé que en este caso, el único cadáver fue el de nuestra curiosidad.

La extrema amabilidad de nuestra anfitriona Paloma y del equipo de Alfaguara nos relajó y se preocuparon en hacer nuestra lectura muy cómoda con café, dulces, una buena comida sin faltar a las prometidas cañas con el autor. Pero antes de llegar a ese punto ¿qué ocurrió en aquella sala durante seis horas?

fb_img_1475740432938Para alivio de varios invitados, la lectura no se realizó en voz alta, ni por turnos. Cada uno, a su ritmo (unos muy deprisa y otros muy despacio) fuimos siendo víctimas de la curiosidad, devorando cada galerada hasta el dramático momento de darnos de bruces contra la cruda realidad: ¡no habían incluido el final! En ese instante, todos y cada uno de nosotros intentamos obtener ese documento sin éxito, hasta que llegó Arturo.

Uno a uno, como los invitados de aquella novela, fuimos víctimas de la expectación e intriga hasta que una frase centró nuestra atención a lo que realmente nos llevó hasta allí: “Arturo está aquí”. Puntual, bajo un traje azul oscuro sin corbata, el autor de “Falcó”, entró en la sala como aquel amigo al que estas esperando para tener una buena conversación (¿recuerdan el dato que les pedí que guardaran? aquello sobre “la apariencia engaña”) y es que, desde el minuto uno, él dejó claro su gratitud (y la recalcó poco antes de despedirse) ante aquel día de nuestras vidas empleado en leerle, porque así lo sentía: le estábamos leyendo a él.

Al sentarse, los seis invitados cuyas manos aún se encontraban cubiertas de las letras que forman “Falcó”, formamos un círculo equidistante. Todos a la misma distancia. Y a todos nos preguntó nuestra opinión. Quien le dijo bondades, él respondió con explicaciones y quien expresó alguna crítica fue contestado con respuestas que no justificaciones. Pero siempre de tú a tú, sin remilgos ni adornos, con palabras llanas bien colocadas entre frases elocuentes y certeras, con opiniones personales e íntimas que nos quedaremos todos los que allí estuvimos. En este caso, no había una canción que hiciese de guion porque no existía tal, él habló y habló, y cuanto más hablaba más a gusto nos encontrábamos todos hasta qué, después de comentar nuestras opiniones, les pedimos el final de aquella novela que había ocupado nuestros pensamientos durante todo el día. Lejos de seguir los cauces normales, Arturo pidió a la editorial que nos regalase a cada uno el final de “Falcó”, mostrando su agradecimiento, una vez más.

fb_img_1475740357536Minutos después bajamos a un bar donde continuamos la charla, compartiendo opiniones y saboreando una buena conversación literaria donde la confianza reinaba en el centro de la mesa. Al final, Arturo firmó cada galerada y se despidió con la amabilidad y cercanía que había demostrado durante ese pequeño rato que nos concedió.

Y así, uno tras otro, volvimos a nuestros quehaceres mundanos con la sensación de haber sido rozado por un gran autor y académico de la lengua castellana que no dejó de agradecernos, con humildad y sinceridad, nuestro tiempo empleado en leerle. Por qué a Reverte es para leerle despacio, con tiempo y una libreta. Sin miedo a llenar el libro de notas y banderitas de colores.

Reverte es para disfrutarlo en corto y sin ruido. Si existe otro, lo desconozco. Cómo Falcó, esta es mi opinión y, luego, está la del resto.

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Agradezco de corazón a Alfaguara y su equipo, a la eterna e incombustible amabilidad de Paloma que estuvo a nuestro lado durante todo el tiempo, siempre con una sonrisa en los labios. A Rita por ser así, ella y nada más. Gracias a los que conocí en aquella habitación y espero que podamos volver a repetir una experiencia como esta. Y a Arturo, un tipo interesante, alguien a quien escuchar y de quien aprender.

Gracias.

 

 

 

4 comentarios en “Los seis negritos de Falcó

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