Sobre el intrusismo en la novela negra

 

Leo la entrevista al autor Rafa Melero en Valencia Negra y ciertas respuestas me suscitan preguntas antaño formuladas por otras personas pertenecientes a un gremio: escritores y escritoras de Novela Negra. Habla, entre otros interesantes temas, sobre el intrusismo en el género.

 

¿Quién pega la etiqueta de “Novela Negra” a un libro? Me pregunto. Porque, al igual que he visto libros del género policíaco en la estantería de “Histórica” solo porque la acción no transcurre en nuestro tiempo, o en la zona de “Novela Negra” un libro de romántica con tintes de misterio, me pregunto si el autor tiene algo que decir u opinar al etiquetar su obra. Imagino que un autor, cuando escribe, tiene una idea de lo que quiere decir. Nacen en él o ella unos personajes más o menos definidos, una situación, un conflicto. No olvidemos que en todos los géneros narrativos, exactamente en todos, debe existir un conflicto. La diferencia en el género negro y policíaco es que el conflicto siempre es un crimen o crímenes. Sin crimen, deja de ser una obra policíaca o negra pero eso no significa (y aquí está el matiz) que allá donde aparezca un cadáver tendremos una novela negra o policíaca. Ese es el problema y esa es la virtud de la literatura.

 

Existe un modo sencillo de identificar una novela etiquetada correctamente cómo negra, policíaca o de misterio. Pero ¿nos preocupa? Una vez más, aquellos que tienen voz poco hacen por corregir a las editoriales a la hora de mal etiquetar su obra. Suelen dejarse llevar por la extensa promoción a la que se ven abocados por contrato y por placer, dejando a los que carecen de plaza en la tribuna la discusión sobre qué obra encaja mejor en un grupo y otro.

 

Volviendo a la pregunta inicial, ¿quién pega la etiqueta de Novela Negra a un libro? ¿Quién decide que este autor o aquella autora pertenecen a un género? Yo creo que el autor no, desde luego. Entonces, ¿contra quién apuntar? ¿a quién acusar de “intrusismo”? Es una palabra muy fea sobre todo porque, por desgracia, este gremio no tiene regulación ni siquiera para qué, al darte de alta cómo autónomo, podamos decir lo que queremos llegar a ser. Por tanto, intrusismo no debería ser una bala que disparar a un autor o autora que intenta abrirse paso en el mundo de la literatura, al igual que ha hecho aquel que acusa desde una posición privilegiada. Lo que existe es una visión comercial de un fenómeno del cual deberíamos estar orgullosos: escribir.

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