Reseña muy personal de un tipo solitario

Solo.

Cuatro letras que definen a un personaje, una situación sentimental, una forma de pensar e incluso una manera de sentir. Pero Solo es algo más. Es también una novela que engloba todas esas cosas.

David Jiménez “El Tito” ha logrado lo que pocos pueden hacer: alcanzar el equilibrio en una historia muy dura, cruenta, desgarradora y, a la vez, intrigante y misteriosa. Sus líneas nos muestran a un policía que, lejos de tópicos adheridos a cada movimiento, cómo si el sol iluminase su espalda y su sombra jamás le abandonase, Marcial carece de ellos pero, a su vez, pertenece a ese grupo de policías oscuros e inyectados en desesperación que recorren las calles de Cartagena. Él lo sabe y así lo demuestra.

Marcial no teme la reacción de los congéneres a su especie animal. ¿Sabéis por qué? Porque le da exactamente igual pero ahí está la esencia de esta historia. “Inspector Solo”, publicada por OffVersátil, nos habla del mundo erróneo y que gira a gran velocidad donde Marcial se encuentra sin capacidad ni fuerzas para detenerlo. Nos habla de su espiral de autodestrucción en la que vive desde que lo conocimos en “Muertes de Sobremesa”, la anterior novela.

David describe a su protagonista principal acompañado de su chaqueta de cuero, fiel matiz con el que quizás pretenda mostrarle cubierto de una piel curtida y dura, capaz de soportar los envites con que el caprichoso destino se empeña en golpearle, sin conseguir zafarse por completo. Y es que, aunque él no lo quiera, no esta tan solo.

La novela “Inspector Solo” nos muestra la realidad desde el prisma de Marcial envuelto en un triángulo que le arde en las manos, que no sabe mantener en pie y que le ahoga. Un vértice lo ocupa su compañera Zoe, sumisa y entregada a sus órdenes mientras duró el caso de “el asesino del café” (“Muertes de Sobremesa”, ACEN Editorial – 2016). Su personalidad evoluciona hasta su auto-reconocimiento cómo profesional y mujer independiente, que no tolera ciertos comportamientos de su compañero. Sin embargo, la línea que une ese vértice con el que ocupa Marcial, es algo más que una recta dibujada sobre un papel, y ambos lo saben, son conscientes de ello y David ha sabido explotar esa tensión hasta el límite. En el otro extremo, tirando de los dos para sí cómo cables de acero que están a punto de romperse, se encuentra Miralles. David desvela a lo largo de la novela la relación entre Miralles y Zoe, entre Miralles y Marcial, entre Zoe y Miralles, y vuelta a empezar cómo un carrusel, cuya iluminación entrecortada nos aclara situaciones en ciertos momentos pero, en cambio, nos deja a oscuras en otros.

Entre toda esta maraña de sentimientos encontrados, donde Marcial se esfuerza por sobrevivir sin saber muy bien porqué, comienza la novela con un crimen que le desconcierta, no tanto por quien es la víctima (lo cual le afecta en exceso) sino porque él podría ser el asesino cuando empieza a recordar haberla visitado la noche anterior. Las pistas que se van cruzando en su camino no ayudan a clarificar su implicación, lo que provoca una situación insostenible que David ha descrito con maestría y paciencia, dejándonos con la incertidumbre que te empuja a continuar leyendo.

Pero Marcial, aunque la consideración de sí mismo le lleve a pensar que es un tipo solitario, la realidad le demuestra que no es así. Porque en la acertada portada de la novela vemos entre sombras y pinceladas oscuras el rostro fiel y abnegado de una galga, llamada Sola, cuyo protagonismo es vital para comprender la personalidad de Marcial Lisón. Ese personaje rompe todos los esquemas en la novela de David, dejándonos el corazón caer a trozos cómo un vidrio roto.

Para finalizar diré que es una novela negra seria, sin adornos ni florituras, bien documentada y de construcción sólida. David ha subido un escalón en su carrera literaria que le sitúa entre los mejores escritores del género, muy alejado de aquellos que recurren a las etiquetas y tópicos para rellenar páginas y páginas de tramas insulsas. Él no escribe así, él te agarra el alma, la mete dentro de la historia y cuando la ha exprimido como quien estrangula una toalla húmeda hasta ver caer la última gota, te la devuelve arrojándola hacia ti.

Y no tienes más remedio que dejar “Inspector Solo” en la estantería de tus mejores novelas. Las que has leído, claro. Porque escribir una joya cómo esta sólo puede hacerlo David Jiménez “El Tito”.

David Verdejo.

 

 

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