Novela inédita por entregas

Comenzamos a publicar la novela “No te sientes de espaldas a la puerta” que descubre el orígen del conflicto que vive dentro del corazón de Lee Johnson. Una novela negra clásica emitida en un formato cómo los de antes.

Disfrutad del primer capítulo. Cada martes, en MoonMagazine.

http://www.moonmagazine.info/no-te-sientes-de-espaldas-a-la-puerta-cap-1/

La publicación esta acompañada de las ilustraciones siempre espectaculares de Josevi Blender.

Sobre el “tuitero” que vende más que Dragó

Quedo a la espera de ver cómo reacciona mi cerebro al encontrar un artículo en Facebook sobre un tuitero que vende más libros que el propio Sánchez Dragó. Y cómo se propaga cual virus silencioso a la par que se comparte una y otra vez, lamentándonos de que nosotros no podemos vivir de escribir (me incluyo en los autores que añoran dicha esperanza) y esta “gente”, sí. Pero me pregunto: ¿a qué llamamos “vivir de escribir”? a recibir un salario de unos 1500€ para ir tirando mes a mes y salir a cenar de vez en cuando? o, por el contrario, ¿”vivir de escribir” significa qué nos inviten a saraos, nos hagan entrevistas, nos adulen dejando nuestros oídos cubiertos de miel y recibamos elogios una vez y otra más cada noche al encender el ordenador?

Escribir es una disciplina artística, siempre lo ha sido. Y el artista siempre (lamentablemente) ha sido un muerto de hambre porque quién hace que su ingenio en forma de música, literatura, cuadro, etc… llegue al público ha sido una empresa, en forma de mecenas o de sociedad anónima. Una empresa. Esto me suena, no es la primera vez.

Cómo empresa, las editoriales buscan beneficios y nosotros deberíamos ser capaces de diferenciar el arte de escribir del arte de vender, que es para los comerciales. Sería maravilloso que escribiéramos por puro amor a la literatura, con nuestro trabajo “corriente” esperándonos de 9 a 5. Seria increible decir: hoy escribo un poco, mañana nada, y pasado me doy un atracón porque me da la gana y así lograr historias que salgan del corazón y no de la cartera. Sería fantástico que los escritores y escritoras fueran artistas de la palabra que naciera del alma y no de la ambición de ser famoso. Porque, quizás, eso es lo que “jode” ¿en la feria del libro de cualquier ciudad uno no es feliz cuando alguien se acerca a ver tu obra sin importar la cola que el “youtuber” de turno atesora al lado? No, uno no es feliz así. Uno quiere más: la fama de aquella que vendía una novela cada 6 segundos o la suerte de aquel que después de un premio le ha venido otro y otro más.

¿Dónde queda la literatura entonces? Autores que consagran su vida a las redes sociales con una constancia que su familia quisiera para ellos a no ser que ya no la tengan. ¿Y su obra?

Yo quiero escribir. Escribo. Y publico, tengo esa gran suerte. Pero adoro el éxito de los demás porque conozco la calidad del mío.

Por cierto, en la lista de libros más vendidos de Planeta verán una cantidad ingente de títulos de todo tipo y eso es lo maravilloso de la literatura: que es universal, para todos, de todos.

Así que yo, por que la amo y mis dedos guían las palabras que me dan la vida, seguiré escribiendo. Y me alegraré del éxito ajeno, porque conozco la calidad del mío.

David Verdejo.

Tres (parte II)

Tres (Parte I) Rita Piedrafita

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que vinimos a verte. El chico no quería hacerlo esta vez pero ya ves, aquí esta intentando no disimular la pena que le consume por recordarte vagamente. Sin embargo yo, te recuerdo demasiado. Imagino que la madera que sostiene la fría y húmeda tierra está tan podrida cómo mis recuerdos. Cómo el sonido de tú caminar tan gracioso que rozaba la torpeza, tropezando con todo lo que encontrabas en tu camino cómo yo con las malas hierbas que nadie limpia en este lugar. 

El tiempo ha pasado también para mí aunque me conserve mejor. Mientras el chico silencia el puñetero móvil imagino cómo serías ahora ¿te sentarían bien las arrugas, aquellos hoyuelos que solía besar con ternura cada mañana antes de despedirme incluyendo aquel último amanecer en el que decidiste marcharte sin avisar y dejarme sólo con la criatura que apenas podía andar? 

No me mires así. Vengo acompañado y no, no creas que he perdido el tiempo. Perdona si te ofendí pero no esperaba que te fueras tan temprano

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que vinimos a verte.

Se esta tan sólo aquí abajo ¿verdad? Pero tranquila, aunque agarre otra mano seguiré pensando en ti. Espero que te alegres por mí aunque te carcoma el estómago que no te queda.

Encontrar el amor a nuestra edad es difícil. Volveré, aunque sea con ella.

Dime que seguirás aquí.

Dime que me esperarás.

Tres (Parte II) Ignacio Hernández-Ranera

Orgullo y prejuicio

En esto de escribir y más concretamente dentro del género en el que me encuentro cómodo  (el negro) detecto cierto aroma cebado y celoso. Lejos de alegrarse del auge de una corriente literaria que evoluciona y acompaña nuestra historia reciente, ciertas personas se dedican a ensalzar la repetición de temáticas dentro del propio género negro, ridiculizando escenas propias de series (de éxito cómo CSI o Mentes Criminales). Gente que deben sentirse dueños de obras maestras escritas por sus dedos y deben dormir sobre informes de ventas cuyo grosor supera la altura de su propia cama porque no se entiende la inquina y machaque con el que riegan la barra de bar que forman las redes sociales. Quizás se deba ejercer la autocrítica cómo principio indispensable, junto con la humildad, a la hora de leer (no digamos al solo mirar un título y su sinopsis de reojo) un libro ajeno que no sea de su agrado. Hay que recordar que la literatura no es medible, carece de objetividad en cuanto cumple las normas gramaticales y propias del lenguaje. La literatura es para disfrutar y no debe ser un arma arrojadiza para esconder envidias sobre un informe de ventas que no cumplió las expectativas. ¡Qué se escriba miles de libros de género negro o el qué sea! Miles no… ¡millones! Y celebrémoslo. Que para penas y envidias ya estan los libros.

Sobre el intrusismo en la novela negra

 

Leo la entrevista al autor Rafa Melero en Valencia Negra y ciertas respuestas me suscitan preguntas antaño formuladas por otras personas pertenecientes a un gremio: escritores y escritoras de Novela Negra. Habla, entre otros interesantes temas, sobre el intrusismo en el género.

 

¿Quién pega la etiqueta de “Novela Negra” a un libro? Me pregunto. Porque, al igual que he visto libros del género policíaco en la estantería de “Histórica” solo porque la acción no transcurre en nuestro tiempo, o en la zona de “Novela Negra” un libro de romántica con tintes de misterio, me pregunto si el autor tiene algo que decir u opinar al etiquetar su obra. Imagino que un autor, cuando escribe, tiene una idea de lo que quiere decir. Nacen en él o ella unos personajes más o menos definidos, una situación, un conflicto. No olvidemos que en todos los géneros narrativos, exactamente en todos, debe existir un conflicto. La diferencia en el género negro y policíaco es que el conflicto siempre es un crimen o crímenes. Sin crimen, deja de ser una obra policíaca o negra pero eso no significa (y aquí está el matiz) que allá donde aparezca un cadáver tendremos una novela negra o policíaca. Ese es el problema y esa es la virtud de la literatura.

 

Existe un modo sencillo de identificar una novela etiquetada correctamente cómo negra, policíaca o de misterio. Pero ¿nos preocupa? Una vez más, aquellos que tienen voz poco hacen por corregir a las editoriales a la hora de mal etiquetar su obra. Suelen dejarse llevar por la extensa promoción a la que se ven abocados por contrato y por placer, dejando a los que carecen de plaza en la tribuna la discusión sobre qué obra encaja mejor en un grupo y otro.

 

Volviendo a la pregunta inicial, ¿quién pega la etiqueta de Novela Negra a un libro? ¿Quién decide que este autor o aquella autora pertenecen a un género? Yo creo que el autor no, desde luego. Entonces, ¿contra quién apuntar? ¿a quién acusar de “intrusismo”? Es una palabra muy fea sobre todo porque, por desgracia, este gremio no tiene regulación ni siquiera para qué, al darte de alta cómo autónomo, podamos decir lo que queremos llegar a ser. Por tanto, intrusismo no debería ser una bala que disparar a un autor o autora que intenta abrirse paso en el mundo de la literatura, al igual que ha hecho aquel que acusa desde una posición privilegiada. Lo que existe es una visión comercial de un fenómeno del cual deberíamos estar orgullosos: escribir.

Todas las (fantásticas) reseñas de Woods Lane